La alternativa de financiamiento sostenible para hacer frente a las principales problemáticas que aquejan al mundo de hoy

September 5, 2017

El efecto millenial ha permeado el mundo corporativo, las tendencias de consumo, la forma en que nos relacionamos y nos comunicamos, y ahora también los mercados financieros. Sea usted un inversionista, un filántropo, un emprendedor social o simplemente un curioso, le interesará saber de qué se trata la inversión de impacto, una alternativa de financiamiento sostenible para hacer frente a los principales problemas sociales y ambientales que aquejan al mundo de hoy.

Se preguntará entonces si la inversión de impacto es un tipo de activo (asset class) o un criterio de inversión (investing approach), y al ser un término acuñado hace apenas 10 años habrá varios puntos sobre los cuales no encontrará conceptos unificados, pero existe una definición bastante simple proporcionada por la Red Global para Inversión de Impacto (GIIN por sus siglas en inglés) que permite la comprensión de lo que en esencia significa:

‘Las inversiones de impacto son inversiones realizadas en compañías, organizaciones y fondos, con la intención de generar un impacto social y ambiental medible junto con un retorno financiero’

Según lo anterior entendemos que no funcionan como grants ni filantropía, ya que son inversiones que exigen rendimientos financieros positivos. Tampoco se limitan a ser inversiones socialmente responsables, puesto que persiguen activamente la generación de impacto además de evitar efectos colaterales negativos en otros frentes. Mucho menos son sinónimo de estrategias en responsabilidad social empresarial, pues son un objetivo en sí mismas.  Es así como la intencionalidad se convierte en la característica fundamental de este tipo de inversión y la necesidad de evidenciar a través de métricas objetivas y concretas las transformaciones sociales/ambientales entra a jugar un papel tan importante como la demanda por rendimientos financieros.

Habrá mucho que atribuir a los millenials y a su visión de actuar bajo un propósito superior al momentum que ha ido ganando la inversión de impacto, que se convierte cada vez en una práctica de mayor relevancia en un mundo en el que la filantropía no alcanza a proporcionar los recursos suficientes para la sostenibilidad de sus programas y en el que los gobiernos demuestran ser incapaces, corruptos e ineficientes en su labor de cerrar brechas sociales y hacer frente a problemáticas ambientales tan apremiantes como el cambio climático.

Es así como actores privados han comenzado a ver oportunidades de negocio y de transformación en el sector social, interesándose en empresas capaces de generar valor a través de soluciones sostenibles para inclusión financiera, desarrollo agrícola, servicios de salud y educación, y desarrollo económico de comunidades de base de pirámide, entre otros. No es casual entonces que regiones como África Subsahariana, el Sudeste Asiático y América Latina se roben la atención de los inversionistas de impacto, al evidenciar el potencial de las soluciones de este tipo en mercados donde hay tanto margen para crecer y para impactar.

Si bien es una tendencia de inversión en crecimiento y con perspectivas futuras prometedoras, es aún incipiente y el ecosistema enfrenta grandes retos para que tome la fuerza necesaria para convertirse en el musculo financiero que jalone el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a través de iniciativas privadas que aborden las problemáticas desde dinámicas de mercado.

Los retos se hacen particularmente reales en los mercados emergentes donde falta información sobre el ecosistema, sobre resultados observados y tendencias, además de un marco institucional que favorezca e incentive este tipo de inversiones y que genere confianza para que sean más los que se sumen a generar un verdadero impacto a través del capital.